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Cuaderno del taller Materia

Por qué el bronce cambia de color con los años

El bronce no se estropea: se protege cambiando de color. Qué es la pátina y cómo cuidarla.

· actualizada el 6 minutos de lectura

Verdín en un bronce al aire libre

Casi todas las personas que vienen al taller a encargar una figura me hacen la misma pregunta, a veces al final y en voz baja, como si fuera un defecto: «¿y con los años se pondrá verde?». La respuesta corta es que depende de dónde viva la pieza. La larga es esta nota, porque el color del bronce no es un accidente: es la manera que tiene el metal de protegerse.

El bronce no se oxida como el hierro

El bronce es una aleación de cobre con un poco de estaño (en escultura, en torno a un 90 % de cobre). Cuando el cobre se queda al aire reacciona con el oxígeno, la humedad y lo que lleve el ambiente, y forma en la superficie una capa muy fina de óxidos, carbonatos y sulfatos. A esa capa la llamamos pátina.

La diferencia con el hierro es enorme: el óxido del hierro se hincha y se cae a escamas, y deja metal nuevo expuesto, que vuelve a oxidarse. La pátina del bronce, en cambio, se queda pegada y hace de piel. Por eso hay bronces de hace dos mil años que se conservan enteros: no se han librado del tiempo, se han cubierto de él.

En corto

La pátina es una capa fina y estable que protege al bronce. Que una figura cambie de color no quiere decir que se esté estropeando.

La pátina que le doy en el taller

Ninguna pieza sale del taller con el color «natural» del metal recién fundido, que es rosado y brillante como una moneda nueva. Después de cincelarla, la caliento con el soplete y le aplico sales con pincel: nitrato férrico para los marrones y los rojizos, sulfuros para los negros, nitrato de cobre para los verdes. El calor hace que reaccionen enseguida, y lo que la naturaleza tardaría décadas en dibujar aparece en minutos.

Pátina al calor: el soplete y las sales, capa a capa

Luego la sello con cera microcristalina, que cierra el poro y le da ese brillo de piel tocada. Esa primera pátina es la que eliges cuando haces el encargo (clásica, dorada, verdín o negra), y es la que va a envejecer.

Por qué cambia de color con los años

La pátina no es pintura: sigue viva. Con el tiempo el metal continúa reaccionando con lo que tiene alrededor, y el color evoluciona según tres cosas:

  • El aire. En interior apenas hay humedad ni contaminantes: el bronce se oscurece despacio y gana profundidad, como un mueble antiguo.
  • El agua. La lluvia, el rocío y el riego arrastran sales y forman los carbonatos verdes y azulados (el verdín), que se acumulan donde el agua se queda: pliegues, ojos, la parte de arriba de la cabeza.
  • El mar y la ciudad. Cerca de la costa, el cloruro acelera el verde; en una calle con tráfico, el azufre tiende a ennegrecerlo.

Y hay una cuarta que siempre me gusta enseñar: las manos. Donde una figura se toca mucho, la pátina se gasta y asoma el metal dorado de debajo. Pasa con las rodillas de las estatuas de los parques y con la nariz de los bustos. No es desgaste malo: es la huella de que la pieza se quiere.

Manos de bronce apoyadas en un muro, con el metal brillante donde más se toca
Donde más se toca, el bronce brilla: la pátina se gasta y asoma el metal

Dentro de casa y en el jardín: qué esperar

Para que no haya sorpresas, esto es lo que suelo contar antes de entregar una pieza:

  • En interior, el color que ves el día de la entrega se mantiene muchos años. Con el tiempo se vuelve algo más oscuro y cálido, nada más.
  • En un patio cubierto o un porche, cambia poco y despacio; si le da el agua de lado, pueden aparecer las primeras sombras verdes en los rincones.
  • A cielo abierto, en dos o tres años el verdín empieza a dibujarse en los huecos, y en diez puede cubrir buena parte de la superficie si no se le da cera.

Yo no lucho contra el verde. Lo que hago es decidir con quien encarga la pieza si lo quiere dejar venir o si prefiere mantener el color del primer día.

Cómo cuidar una escultura de bronce

El cuidado es sencillo, y casi todo consiste en no hacer de más:

  1. Polvo: un paño de algodón seco o un pincel suave. Nada de agua con jabón en interior.
  2. Cera: una capa fina de cera microcristalina cada seis meses en exterior y una vez al año en interior. Se extiende en frío, se deja secar unos minutos y se saca brillo con un paño.
  3. Exterior: si quieres frenar el verdín, lava la pieza con agua sola y una esponja antes de encerarla, para quitar las sales.

Lo que no hay que usar

Limpiametales, vinagre, amoniaco ni estropajos. Quitan la pátina hasta el metal y dejan manchas que solo se arreglan volviendo a patinar la pieza en el taller.

¿Y si quiero recuperar el color original?

Se puede. Una pieza muy verde o con una mancha (de cal, de un riego, de un golpe) se vuelve a patinar: se limpia, se calienta y se repite la pátina con su cera. Es un trabajo de taller, no de casa, y en una figura mediana lleva un día. A las piezas que salen de mi taller se lo hago siempre que me lo piden; basta con escribirme con una foto de cómo está.

Mi consejo, después de muchos años viendo envejecer bronces, es dejar que la pieza cambie un poco. Un bronce que lleva diez años en un jardín cuenta esos diez años, y eso es parte de lo que se encarga cuando se encarga un bronce.

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