
Una semana en la fundición, día a día
Del molde a la pátina, día a día: así se funde una figura a la cera perdida.
Emilio Molina · actualizada el 7 minutos de lectura
Colada en la fundición
Cuando una figura está terminada en barro y quien la encarga le ha dado su visto bueno, empieza la parte que más me gusta contar y que menos se ve: la fundición. Se hace a la cera perdida, la misma técnica que se usaba hace más de cuatro mil años, con mejores hornos y la misma paciencia. Esta es una semana normal, contada día a día. Los plazos son los de una pieza mediana; en una grande, cada paso se estira.
Lunes: el molde de silicona
El barro no puede ir al horno: hay que copiarlo. Cubro la figura con silicona, capa a capa con pincel para que entre en cada huella, y encima le pongo una carcasa de escayola que la sujeta, en dos mitades. Cuando fragua, abro el molde con cuidado y saco el barro. A partir de aquí el original vive en ese molde: de él saldrán todas las copias de la edición.

Abrir el molde es el primer momento de nervios de la semana. Si una burbuja de aire se ha quedado pegada a una mejilla, hay que volver a empezar.
Martes: la figura en cera
En el molde vacío vierto cera caliente, la muevo para que cubra todo y vacío lo que sobra, hasta dejar una pared de unos cuatro milímetros. Lo que sale es una copia exacta de la figura, pero hueca y de cera. Y aquí entra otra vez el escultor: repaso las uniones, recupero las huellas que se han perdido y, si hace falta, retoco un detalle. Lo que no se corrija en la cera, saldrá en el bronce.
Por la tarde le pongo el árbol de colada: canales de cera que serán los caminos por donde entrará el metal (los bebederos) y por donde escapará el aire (los respiraderos). Un árbol mal pensado es una pieza con huecos.
Miércoles y jueves: la cáscara cerámica
La cera con su árbol se baña en una papilla cerámica y se espolvorea con arena refractaria. Se deja secar y se repite: entre seis y ocho baños, cada uno con su secado, hasta que la cera queda dentro de una cáscara dura como una cerámica. Es el paso más lento y el más silencioso: casi todo es esperar.

Viernes: la colada
Por la mañana la cáscara entra en el horno boca abajo. La cera se derrite y sale (por eso se llama cera perdida) y la cerámica se cuece y se endurece. Mientras tanto, en el crisol, el bronce se funde. Cuando el metal pasa de los 1.100 °C y la cáscara sigue al rojo, se cuela: se vierte el bronce por el embudo hasta que asoma por los respiraderos.
Lo que pasa en la colada
Bronce a más de 1.100 °C, una cáscara al rojo y unos segundos para llenarla de una vez. Es el momento más corto de toda la semana y el único que no se puede repetir.
Luego, a esperar otra vez: el metal tiene que enfriarse despacio dentro de su cáscara. Tocarlo antes de tiempo es la forma más rápida de arruinar una figura.
Sábado: romper la cáscara y cincelar
Con martillo y cincel se rompe la cerámica y aparece el bronce, todavía gris y con el árbol de colada pegado como un esqueleto. Se cortan los bebederos, se repasan las marcas que dejan, se quitan las rebabas y se recupera la textura con cinceles, limas y punzones. Es trabajo de orfebre a escala grande: en una figura mediana, horas y horas.

Domingo (o el lunes siguiente): la pátina
La última firma de la pieza es su color. La caliento con el soplete y aplico las sales con pincel hasta llegar a la pátina elegida, y la sello con cera. Si quieres saber más de esto, lo cuento en la nota sobre por qué el bronce cambia de color con los años.
Lo que no cabe en una semana
Esta semana es la parte de la fundición. Antes están el boceto y las semanas de modelado en barro, y después, la peana, la firma y la entrega. Por eso, cuando alguien me pregunta cuánto tarda un encargo, hablo de meses y no de días: la fundición marca el ritmo, y no se le puede meter prisa al metal.
De todo el proceso, lo que más me sigue impresionando es romper la cáscara. Llevas meses con una figura y es la primera vez que la ves en bronce.


